Tras la pérdida dentaria, la enfermedad periodontal o determinados traumatismos, el hueso maxilar puede reabsorberse y perder volumen. En esos casos, la colocación de implantes puede requerir previamente un procedimiento de injerto óseo para recuperar soporte y estabilidad.
El injerto óseo nos permite aumentar la cantidad o la calidad del hueso disponible cuando no es suficiente para colocar un implante con garantías. De este modo, podemos planificar rehabilitaciones más seguras, estables y duraderas.
Cada caso debe valorarse de forma individual, ya que no todos los pacientes presentan el mismo grado de pérdida ósea ni necesitan el mismo tipo de regeneración.
La velocidad a la que se deteriora el hueso, así como la cantidad de pérdida ósea que se produce, varía mucho entre los individuos. Sin embargo, la mayor parte de la pérdida ósea ocurre dentro de los primeros dieciocho meses posteriores a la extracción y continúa durante toda la vida. El cuerpo ya no usa o «necesita» el maxilar, o la porción del maxilar, por lo que se deteriora.
Con el injerto óseo, ahora tenemos la capacidad no solo de reemplazar hueso allá donde falta, sino también de generar nuevo crecimiento óseo en esa ubicación. Esto no solo nos brinda la oportunidad de colocar implantes del tamaño adecuado, sino que también nos brinda la oportunidad de restaurar la funcionalidad y la apariencia estética.
Las siguientes son las causas más comunes de deterioro de la mandíbula y pérdida ósea que pueden requerir un procedimiento de injerto óseo:
WhatsApp us